Cuando omites o mientes no lo haces sólo conmigo... lo haces también contigo, y yo hago lo mismo.
No sé si fue cobardía o un temor a dañarte, o quizás fue otro temor a no poder dañarte para que lo sientas, pero no me atreví a decirlo todo por su nombre. Y no, no es problema puntual, siempre prefiero escribir para poder desahogar verdaderamente el cora', más satisfacción si pudiera leertelo con la métrica que el texto y el alma reclaman.
Las mañanas, tardes y noches a tu lado saben distinto y la percepción en el momento es agradable pero cuando se transforma en recuerdo el sabor nostálgico es agobiante y sofoca.
Tú no viste con estos ojos ni tuviste ese alivio al descansar de sentir como no caminas por la calle, sino que vas flotando. Ahora entiendo a escritores que reemplazan musas por vicios.
Siendo más sincero que nunca debo señalar que sólo una vez leí tus ojos, suena frase cliché de un despechado pero es cierto. Ese día que la ciudad era gris y con el cielo a punto de llover, en la esquina donde nos separamos después de días, tus ojos tartamudeaban algo que entre dientes no dejaste escapar. Me comió la ansiedad y perdí el rumbo y quise entregarme al paisaje como un vagabundo, pero dibujando una sonrisa en mi cara por haberme alimentado de un hecho abstracto al que le di yo la interpretación de lo que quería ver, insignificante por cierto pero los vagabundo se alimentan de migajas.
No voy a negar que te amo, y es que si lo hiciera esta carta no existiría. Mi texto es testigo para este jucio final.
Disculpa, quise trazar una escena en un paisaje discreto para entregarte la pena que siento, pero no me sale. No siento pena del todo, mas siento mi vida en parte aliviada. Acabo de despertar cuando volví de la calle de la ilusión y la habitación de mi zoronca sigue desordenada igual que siempre, la quise ordenar pero entendí que mañana estará desordenada nuevamente.
Voy a escapar algún día y dibujarme una sonrisa como al guasón, pero tengo tiempo...
Este escritor; este amante del más bello de los ruidos, el silencio; este sordo de la humanidad... este vagabundo, hijo bastardo de le poesía merece escenas como esta. Entonces qué escribo?, la vida debe dictarme algo, pero que lo haga ella, que ella venga y me lo diga, yo sólo colocare un punto porque prefiero decir paso en este momento que me siento aliviado.
El día que me persiga tu fantasma voy a volver a escribirte, pero estoy seguro de que la primavera casual con sus flores ya habrá sido arrasada por mis cerdos y cardos.
No quiero escribir más en este tono monótono, por qué no te callas? y me dejas cambiar tu persona por un par de papeles y volver a llenar el tintero... que a mi edad me di cuenta que quedan horrores y alegrías que tengo que descubrir para describir.
Que yo miento?... Hoy no. Desperté con los rayos que el sol me negó y entre mis sábanas de frío y cartón, en mi cotidianidad que tanto repudio y abrazo entendí que tú y ustedes van y vienen pero nunca se detienen... no lo hiciste antes, no lo harás más tarde.
Matatiah,2011
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