Sus ojos tienen la misma forma desde que la recuerdo, son ojos de una niña pequeña. Su rostro es discreto, no así sus acciones que no sabe disimular y delatan lo que siente en el fondo. Es tímida, prefiere escuchar y leer, pero no aprende que debe oír, hablar y escribir.
No tiene dientes perfectos, ni yo tampoco, pero la sonrisa que obstruye enternece. Su figura delgada rima con el largo exacto de su cabello y el tono de sus voz delata que está encerrando a esa infanta que encanta.
Sus pequeños besos tiernos enamoran aun más que sus besos apasionados. Su piel es suave y firme, sus piernas desnudas envician, así también su cuerpo alimenta mi morbo. Ama en la cautelosa oscuridad y te despierta regalándote un beso por la mañana después de una noche donde desnudó su censura y desenfundó la intimidad en símbolo de confianza que luego reniega.
Poly se enreda y sofoca con sus problemas, pero no quiere desenredar las cosas y asumir que el camino correcto y sencillo es doloroso al comienzo pero que entrega alivio y conforta al final de él.
Quédate con tu sonrisa que ilumina con algunos poco rayos el rincón de un hombre que escribe por instinto. Busca el cielo y ganátelo porque te lo mereces, en acto pecaminoso alegraste a otro y eso debe ser recompensado por dar y entregar amor sin interés alguno de por medio.
Esto es lo más que te puedo dar sin entorpecer mis acciones por la ceguera del despecho, todo esto acompañado de un te amé con todas sus letras y con el peso correspondiente de la palabra.
A la mujer de mis sueños... sólo sueños.

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