domingo, 14 de julio de 2013

Pasaje de ida y vuelta

Vamos marchando hacia al norte, hacinados, con un rifle en mi mano y un casco en la cabeza. 

Vamos rumbo al norte.


Estoy triste, de mi tierra me estoy alejando. 

Voy demasiado triste.


Vamos arriba, fumando, sobre un camión vamos apretados, bebiendo alcohol con pólvora. 

Rumbo al norte.


Y mi tierra se va alejando. Estoy triste. 

Muy triste.


Mi nombre ya no existe, me queda mi apellido y número al igual que todos.

De mi tierra me están arrancando.

En el norte nos vestimos iguales, no distingo colores y me está matando la ansiedad.

Mi tierra se perdió allá atrás. Qué pena.

El infierno es un mar muerto de dolor dejando lodo rojo bajo mis botas.
Tengo sangre en los ojos, el peso de la oscuridad encima y el miedo pateándome en las bolas.

De mi tierra sólo oigo historias narradas por voces lejanas. 
El frente bajó hacia el sur contando historias similares con distintos actores. 

Qué nostalgia.


Tierra ajena, propiedad de alguien que jamás he visto, ya te dejo.

Me voy.


Cuán feliz estoy. Voy de regreso a mi tierra. De vuelta a casa. Rumbo a mi hogar.


Entrando por el puente, 
cruzando el río, 
los enormes árboles dejan caer sus frutos y abren sus raíces para abrazarme y no dejarme ir otra vez.

Ya estoy regresando.

Los campos se tornan cada vez más verdes, sé que estamos llegando.

Voy cómodo entre cojines. Veloz en la serpiente de fierro.

Mamá espera por mí.


Feliz estoy de llegar a mi tierra. No me iré nunca más.


Feliz de estar acá para siempre, en un cajón de madera, con una cruz que lleva mi nombre. 

Para siempre en mi tierra.