jueves, 27 de septiembre de 2012

3 Puntos en la herida

Pierna fuerte. Todo el partido salí a cortar centros, en cada puñetazo que daba me dejaba caer sobre el delantero y le daba un codazo en la nuca. En el primero, cayó al suelo y se quejó durante un minuto, pensé que no volvería a saltar. Siguió saltando conmigo todo el partido, le seguí dando codazos en el cráneo, no se rindió jamás.
Poco antes de terminar el partido, no sé de qué modo, me lesioné. El dolor en el talón era insoportable, pero seguí jugando por amor a la camiseta.

Quedaban 3 minutos y caíamos por un gol de diferencia. 
Vino el contraataque y me alisté. Antes de que la pelota llegara a los pies de aquel delantero, salí del área y se la quité dejando mi pie para darle un planchazo. La patada pasó de largó y me dio tan fuerte en la tibia que me demoré dos segundos en reaccionar.
Me preguntó cómo estaba, le dije que siguiera jugando.
Tenía el talón a punto de quebrar y la tibia sangrando, sumado a un pancorazo en el muslo desde el comienzo del partido.

Terminó todo. El 7 de nuestro equipo tuvo el empate y le dio afuera.

Nos fuimos discutiendo, algunos me culpaban, otros se culpaban así mismo.

Cuando llegué a casa, aquella mujer de la boca en llamas, con la que ya tenía una relación de tres meses, escupía fuego. Me dijo que era un hijo de puta, un maricón y que nuestra relación se acababa. Me culpaba de hacerle daño, cosa que jamás pasó por mi cabeza, pero fue así.
Discutimos tanto que pensé que estaría bien, que ella había fallado y yo también, por tanto las cosas deberían solucionarse.

Luego de un par de días, me dijo que había encontrado algo que le disgustó tanto que el fuego sería poco con lo que salía de su boca. 
Sus labios confortables no me dejaban descansar en ellos, me rechazaban. Eran como una cama de espinas.
Su mirada me esquivaba y los brazos sólo la rodeaban a ella misma. Todo eso me hizo sentirla tan lejos, a pesar de estar frente a mí. 
Sus ojos... sus ojos estaban tan tristes que eran hermosamente tristes, pero no los quería ver así. Nunca me di cuenta de cuanto brillaban ese par de ojos hasta que sus lágrimas me encandilaron.

La derrota del partido no fue nada comparado a esa sensación de que se iba, otra vez me quedaba solo, pero esta vez era diferente.
De todas las mujeres que pasaron por la habitación, ella tenía algo especial, nunca lo pude entender, nunca hallé la forma de decírselo, pero había algo que se fue con ella que hizo que todo se sintiera mal.
El mundo afuera ya no me parecía el mismo, era peor que antes. El sabor de cada día era el mismo. Todo era tan insípido. Vi florecer y extinguirse primavera de mujer. 

Volvimos a conversar luego de algunos días. Ella seguía disparando odio en cada palabra. Le pedí perdón, pero no bastó. Me dio de charchazos en lugar de caricias, indiferencia en lugar de comprensión.
Por un momento pensé en que todo estaba muerto, de que se iría y no volvería.

Antes de salir de la habitación, miré dentro de ella y vi que seguía vivo eso "especial".
En las peleas, partidos y relaciones siempre hay un protagonista y un antagonista. De mi vida, me volví el villano.

Entonces, antes de cerrar, puso tres puntos de tope en la puerta. No la dejó abierta ni la cerró, pero al menos le dio tres puntadas a la cicatriz. para que el dolor no fuera del todo agobiante.

Me quedé con la sensación de que algún día volvería a entrar por esa puerta. Hasta ese entonces me refugié escribiéndole cartas que siempre terminé con tres puntos suspensivos... eso mismo tres puntos de la cicatriz que cerró con un te amo y la esperanza de sanar.


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