Vamos marchando hacia al
norte, hacinados, con un rifle en mi mano y un casco en la cabeza.
Vamos rumbo
al norte.
Estoy triste, de
mi tierra me estoy alejando.
Voy demasiado triste.
Vamos arriba, fumando,
sobre un camión vamos apretados, bebiendo alcohol con pólvora.
Rumbo al norte.
Y mi tierra se
va alejando. Estoy triste.
Muy triste.
Mi nombre ya no
existe, me queda mi apellido y número al igual que todos.
De mi tierra me están
arrancando.
En el norte nos
vestimos iguales, no distingo colores y me está matando la ansiedad.
Mi tierra se
perdió allá atrás. Qué pena.
El infierno es un mar muerto de dolor dejando lodo rojo bajo mis botas.
Tengo sangre en los ojos, el peso
de la oscuridad encima y el miedo pateándome en las bolas.
De mi tierra
sólo oigo historias narradas por voces lejanas.
El frente bajó hacia el sur
contando historias similares con distintos actores.
Qué nostalgia.
Tierra ajena,
propiedad de alguien que jamás he visto, ya te dejo.
Me voy.
Cuán feliz
estoy. Voy de regreso a mi tierra. De vuelta a casa. Rumbo a mi hogar.
Entrando por el
puente,
cruzando el río,
los enormes árboles dejan caer sus frutos y abren sus raíces para abrazarme y no dejarme ir otra vez.
Ya estoy regresando.
Los campos se tornan cada vez más verdes, sé que estamos llegando.
Voy cómodo entre
cojines. Veloz en la serpiente de fierro.
Mamá espera por mí.
Feliz estoy de
llegar a mi tierra. No me iré nunca más.
Feliz de estar
acá para siempre, en un cajón de madera, con una cruz que lleva mi nombre.
Para
siempre en mi tierra.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario