jueves, 31 de mayo de 2012
lunes, 28 de mayo de 2012
Qué mierda de humanidad
María es una cocinera excepcional, me invitó a comer, ya hace
tiempo que no nos veíamos. Llevé un par de cervezas para cooperar con algo,
ella como siempre tenía cigarros caros de esos que yo degustaba una vez al mes.
Nos sentamos a almorzar y charlamos, tenía proyectos grandiosos y se le veía
venir un futuro espléndido, yo por mi parte seguía atascado pensando en que moriría joven
producto del hambre antes que trabajar en algo que odio.
Yo: ¿Sabes? Compré dos videojuegos bélicos... no me dejo de sorprender
como sus autores ven la guerra como victorias limpias y se
enorgullecen de medallas a cambio de matanzas.
La guerra siempre fue matanza para mí... pero ya está, nunca viví una en carne propia.
María: Encontré unos cuantos documentales sobre los campos de
concentración nazis y comunistas... Eran horrorosos, no podría pisar esos
lugares. Montaban a los judíos en trenes, ellos pensaban que iban a algún lugar
cualquiera, pero no sabían su real destino. Experimentaban con ellos hasta ver donde
llegaba el sufrimiento humano antes de la muerte. Los lentes de los muertos
eran reciclados, el pelo de las mujeres usado como telar militar y con sus
cadáveres fabricaban hasta jabones!.
María seguía hablando sobre los campos de concentración y como
terminaron. Yo movía la cabeza haciendo como que la escuchaba mientras
pensaba...
Encendí un cigarro y abrí una cerveza.
María: Qué terrible y macabro ¿No? menos mal que ya no existen esos
lugares.
Esa última frase me hizo aterrizar nuevamente.
Esa última frase me hizo aterrizar nuevamente.
Yo: ¿No? ¡Qué mierda de humanidad! No te das cuenta y vivimos en campos
de concentracion. Están allí, estamos allí. Mira la periferia... nos
alimentamos de desechos, experimentan con nosotros, vivo entre enfermos que no
dejan de toser más que para escupir sangre desde las entrañas. Vivimos hacinados,
y como no queda espacio, nos montan unos sobre los otros. Hay una comisaría a
dos cuadras de mi casa ¡Una torre de vigía!. No podemos ni circular libremente
sin que nos controlen. Dejaron de ser lo judíos, hoy somos los pobres, negros,
delincuentes, etc... Mierda y más mierda, nos matan en completo silencio y
nadie dice nada. Me obligan a trabajar para que ellos se beneficien, y lo que
gano me lo quitan con necesidades que crean. Somos esclavos en un campo de
concentración moderno. Trabajamos para los ricos y seguimos mendigando migajas
de compasión y piedad.
María se asustó. Tartamudeé algunos gestos como queriendo disculparme.
Apagué el cigarro en el plato con la comida aún ahí. Salí corriendo al
baño a vomitar...
María tocó la puerta.
María: ¿Estás bien?
Me tomé otros segundos para terminar de vomitar y respondí.
Yo: Yo... no... no sé. ¿Dios lo estará? ¿O
estará tomándose la cabeza al igual que yo pensando en qué mierda de humanidad
ha creado?
jueves, 24 de mayo de 2012
3
La gente espera cosas de mi parte que no están en mí. No le pidan peras al olmo, así de simple, no es difícil de comprender.
Matatías,2012
Matatías,2012
miércoles, 23 de mayo de 2012
La virgen negra
Veníamos huyendo a toda prisa de la
policía. Martín llevaba el volante esquivando otro vehículos, cada vez que
pasábamos un semáforo en rojo gritaba <<¡¡¡Permiso!!!>> Estaba
loco. No sé si era su adicción a la adrenalina o la cocaína que se metía, pero
siempre conducía sin tomar en cuenta a alguien, disfrutando la
velocidad y riendo a carcajadas tan grandes que le rajarían la boca en cualquier momento
mientras veía a la gente que saltaba asustada haciéndose a un lado.
<<'Conchetumare', este hueón nos va a 'pitiar' antes que los
pacos>> Gritó Kevin desde al asiento trasero. Martín como siempre hacía oídos sordos a todo, pero
por primera vez contestó <<'Callaos', mierda>> Quedé
sorprendido. Me volví a preguntarle a Kevin si traía cargada el arma <<Siempre,
hueón, siempre...>> y en ese momento vi a Andy que llevaba la cabeza
entre las rodillas rezaba sollozando. Me aferré a mi pistola y me encomendé a la
virgen de Monserrat.
<<Dile que se calle o nos matamos>> me dijo Martín con sus ojos
saltones y apretando los dientes, Kevin respondió <<Voy calla'o>>, pero se refería a Andy.
Íbamos a 90 kilómetros por hora, doblando sin freno en esquinas y
dando saltos. Hace un rato estábamos a punto de dar el gran golpe. Un plan
perfecto donde nos esperaban más de 900 millones en la desolada empresa de
transporte de valores. Era viernes feriado, lo peor que podía pasar era que
cuando ya hubiéramos escapado nos descubrieran y arrestaran por robo en lugar
no habitado, una pena baja y luego a disfrutar del dinero fácil.
En la esquina de siempre nos juntamos. Kevin había conseguido unos
planos de seguridad con el viejo Adolfo que trabaja en una empresa de alarmas,
si nos atrapaban lo llamábamos y los daba por robados.
No sé qué fue lo que salió mal, pero en algún momento, cuando
volvíamos a casa con el dinero, la policía apareció tras nosotros. Y aquí
estábamos huyendo. Andy seguía rezando y besando un rosario blanco y negro.
<<Ya, 'conchetumare', aguja que me meto por el pasaje y
bajamos de vuelo...>> Martín no alcanzaba a terminar la frase cuando aceleró y entramos al pasaje más angosto del barrio, pisó el freno y nos
detuvimos metros más allá gracias a una roca enorme que atascó la camioneta.
Abrí la puerta de una patada, Martín ya la traía abierta, Kevin pasó por encima
de Andy para salir... Él seguía rezando. Salté el capó y lo tiré hacia fuera
mientras los otros bajaban el botín. Salieron corriendo con dos bolsos cada
uno, el último lo tomé yo y empujando a Andy le gritaba <<Corre, mierda>>.
Entonces la policía apareció por la otra esquina del pasaje.
Arrancamos. Doblando por otro pasaje lancé el bolso con dinero en un patio
oscuro. Seguí corriendo y 3 policías que nos perseguían gritaban <<Alto ahí, conchetumare>>.
<<Párense ahí o disparamos, mierda>> no me
detuve ni para recuperar el aire que me faltaba. Estaba llegando a la cancha y
doblé por el pasaje hacia la derecha, por la izquierda venía Kevin arrancando
de una patrulla, traía el arma vacía. De pronto se escucharon tres tiros, una pausa y luego ya era una ráfaga de balas. La pieza
musical de fondo del escape era mi agitación, los rezos entrecortados de Andy y
la melodía de las rejas sonando al compás de balas tras balas, no había más ruido que ese
hasta que se oyó un golpe seco y horroroso. Me volví a mirar y
Kevin estaba tendido en el suelo, un policía llegó a su lado y lo remató. La
noche estaba despejada, la luz de la luna era tan fuerte que a la distancia
pude ver el rostro de Kevin como se apagaba respirando por última vez la tierra
del barrio.
Pasaron 2 años desde esa noche. Martín había sido arrollado por la
patrulla que lo seguía a él y Kevin, lo detuvieron y encarcelaron por el robo y
una pena pendiente por narcotráfico más distintos asaltos de los que nosotros
no teníamos idea.
Andy se volvió músico y religioso, escribió un par de canciones
donde relataba la vida cruda y los distintos asaltos. Al tiempo se entregó,
cumplió condena y por buena conducta más una carta de un cura con influencias
lo dejaron libre tan pronto como fue posible.
Ironías de la vida o no sé, pero hace exactamente 2 años ocurrió
todo esto.
<<Oh, Virgen de Monserrat, tú que ruegas y guardas a
nosotros, los hijos bastardos, bendice y protege a quienes roban para comer y matan para sobrevivir. Ruega piedad ante Dios por quienes no conocen otro camino en la vida. Ruega por mi familia, mi ex-esposa, mi mujer y mis
dos hijos. Ruega por todos quienes jadeamos en medio de las tinieblas y cargamos
el peso del mundo sobre nuestro hombros, por quienes no conocen palabra más que
el arma, los renegados y los pobres de fe.
Ruega por todos nosotros, por mí, tu hijo, y su alma>>.
Ayer fue Kevin. Hoy soy yo mordiendo la tierra con la bala de una
policía en medio del cráneo, rezando en la ante sala de mi muerte.
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