martes, 5 de junio de 2012

Amor y casi amor

Tocan la puerta.

Consuelo abre y Amparo entró rápidamente llorando.

Consuelo: ¿Qué te pasa, mujer?
Amparo: Pablo no ha llegado a casa. Son las 3 de la mañana y no siquiera ha llamado.
Consuelo: Tranquila. Sentémonos en la cocina.

Consuelo fue a su habitación y entre las cosas de su marido sacó una botella de vino.

Amparo: ¿Desde cuándo bebes?
Consuelo: Cuando la situación lo merita.

Consuelo enciende un cigarro, destapa la botella y sirve dos copas.

Amparo: Hace varios meses que cada fin de semana llega tarde a casa. Dice que tiene trabajo hasta tarde, pero no le creo.
Seca sus lágrimas y traga vino.
Consuelo: Bueno, quizás sea verdad.
Amparo: No lo creo... bebe más que de costumbre, nunca lo había visto así.

Consuelo sirve más vino.

Al otro lado de la cuidad estaba Carlos junto a una mujer en un hotel. Fumaban, acababan de terminar el sexo.  
Ella: Eres un animal, una bestia.
Carlos: No tienes para qué halagarme. Con ese tremendo trasero cualquiera la tendría dura como yo.
Ella: Jajaja, eres un imbécil.
Carlos: Déjame acariciarlo.
Ella: Maldito... haces lo que quieres conmigo y nunca me das nada.
Carlos: ¿Qué? Te pago las drogas y te llevo a los mejores hoteles. ¿Qué más quieres?
Ella: Siempre escribes, le das mucha importancia, pero a mí nunca me escribes nada.
Carlos: Mira, jamás escribo para alguien. Si escribiera para alguien, no lo sabría. Eso queda para poetas.
Ella: ¿Y yo no soy tu musa?
Carlos: Claro...
Ella: Dime algo, susúrrame tu mejor verso.
Carlos: Tienes el mejor cuerpo, unas piernas infinitas y un par de tetas divinas como el Olimpo.
Ella: No eres bueno.
Carlos: No soy poeta.
Ella: Has escrito cosas mejores.
Carlos: Lo sé.
Ella: ¿Entonces?
Carlos: Vístete que nos vamos.
Ella: Maldita sea, Carlos. Siempre lo mismo. Te pido un poco de cariño, algo de ternura y no sabes dármela. Te gusta mi culo y nada más. Eres un hijo de puta. Me voy, no quiero volverte a ver.
Carlos: Jajaja está bien.

Consuelo y Amparo ya bebían la segunda botella.

Consuelo: Mira, un hombre puede tener a muchas mujeres. Se acostará con todas las que pueda. Pero siempre, siempre amará a una sola.
Amparo: Eso no me consuela en nada.
Consuelo: No se trata de consolar, sólo de que lo sepas.

Tragaban más vino cuando se abrió la puerta y llegó Carlos.

Carlos: ¿Qué tal, eh? Están bebiéndose mi vino. Bueno, está bien.

Carlos le dio un ramo de flores a Consuelo, un beso corto y unas hojas sueltas. Luego se despidió de Amparo y se fue a dar una ducha, ella volvió a casa y Consuelo a la cama. Hicieron el amor, y cuando terminaron, Consuelo prendió un cigarro de marihuana mientras le daba unas bocanadas a Carlos que escribía y oficiaba de poeta en el pecho de ella.

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