jueves, 12 de abril de 2012

Tierra y sangre

-Ok... Vamos- Dijo Hans.
Cristian lanzó un derechazo justo en su mejilla izquierda que casi lo tumba, pero se puso de frente otra vez. Lo miraba atónito mientras él se quitaba el pelo de la cara y disimulaba su reacción como si nunca hubiera recibido aquel puñetazo. Escupió y le dijo -¿Eso es todo? Pegas como maricón, con razón...- No alcanzó a terminar la frase cuando Cristian volvía con otro derechazo, pero esta vez justo en la boca de su estómago. De un momento a otro, Cristian sintió como si el aire cayera sobre todo su alrededor y sobre él mismo de un solo golpe, un golpe tan fuerte como el que había dado. Hans cayó de rodillas afirmándose el estómago. 
Maldita sea, hijo de puta!- Gritaba Cristian -¡Vas a morder la tierra y la mierda bajo mis zapatillas!-. Hans seguía abrazado a sí mismo


Era ese preciso momento en que el sol comienza a esconderse y todo se ve anaranjado en la cancha de tierra del barrio. Los dos jóvenes estaban solos en medio del campo de fútbol. Cristian puso un rodillazo en la cara de Hans que hizo que cayera de espalda, trató de acomodarse, y como si el suelo fuera su propia cama se puso en posición fetal. Recibía puntapié tras puntapié, como si se tratara de cualquier cosa menos de una ser humano. Aguantaba hasta que Cristian pareció cansarse, entonces trató de ponerse de pie nuevamente, pero él lo tomó y arrojó a un rincón de la cancha donde habían cachureos y escombros. Se azotó contra una lavadora vieja y cayó tendido en el suelo una vez más.
Cristian recogía sus fuerzas para darle otra patada cuando Hans gritó -¡Basta! ya, está bien... ahí, no más-. Tenía la cara sucia con barro formado del polvo que se levantaba y la sangre que bajaba de su nariz y salía de su boca. 
Escupió a medias una mezcla de sangre, tierra y saliva; miró a la cara de Cristian y recuperando el aire entre palabras soltó -Ok... primo... está... anocheciendo. La próxima... vez... me toca... a mí-.


Cristian lo ayudó a levantarse. Se sacudió la ropa y sonriendo con un diente menos le dijo -Vamos a casa...
Él lo cargaba y casi desesperado buscaba agua para limpiar el barro de la cara de Hans.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario