viernes, 6 de enero de 2012

Media noche

Y: ¿Qué pasó?... ¿Estás bien?


Me la encontré en la plaza. Era de noche, ya tarde. Me invitó a fumar y beber algo, acepté porque el cuerpo me lo pedía.

La silencié reabriendo una herida que nunca estuvo presente, le dije que tenía a otra mujer y era feliz con ella.  Me miró con cara de dolida, pero disimulada. Ella era casi una actriz. 

Me siguió la conversación y cuando ya eran las 2am le dije que me iba, que me esperaban en casa. Me pidió que la dejara en la puerta de la suya, y así fue. Abrió la reja, la puerta y otra puerta interior… regresó donde estaba yo y me dijo que tenía frío. Era verano ¿Quién puede tener frío en medio de una ciudad hacinada de fábricas y en pleno verano? Volvió a la carga con un <<Tú siempre estás calentito. Mira yo, tócame>> Toqué su pierna maciza que estaba desnuda por sus pantalones bastante cortos. La toqué, la toqué y la toqué. Se excitó y me calentó con su mirada que derrite hasta el mismo invierno. Entré rápidamente y de una patada reabrí las puertas mientras la tomaba fuerte con mis brazos. Y eso que no tengo fuerza en los brazos. 

Subimos por la escalera. En pleno pasillo nos desnudamos los torsos y entrando a su pieza la arrojé sobre la cama. Le arranqué esos pantalones tan cortos y la volteé para manosear su enorme trasero. Gemía con furia y respiraba aire tibio. Entonces se puso de rodillas en la cama y empezó a fregar sus tetas pequeñas contra mi pantalón que estaba tirante y parecía que iba a ser atravesado por una espada. Me bajó todo y comenzó a chupar, sentí que terminaría ahí mismo. ¡Estaba ardiendo y ella era gasolina! La puse boca abajo. Ella agarró firme la almohada, y mientras se lo metía, la mordía con rabia. Éramos dos animales saciando el instinto. La cama se movía y sonaba al compás de mi ritmo.


X: Nada… Sólo fue una pesadilla. Te amo, nena, volvamos a dormir.

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