Me senté en el césped de la avenida del viento y recordé que ese mismo verano ya había vivido algo parecido.
En el mismo trabajo y durante el mismo periodo que me visitó "ella", Poly estaba en la ciudad y se puso en contacto conmigo.
Me dijo que quería verme. Nos pusimos de acuerdo para que viniera a mi casa. Luego se marcharía a la ciudad del sol, donde vive.
Mi historia con Poly es similar a un vaivén, donde nos reencontramos y reconocemos cada cierto tiempo. A veces meses, casi años. Le parezco conocido de toda la vida, y yo amarla del mismo tiempo, pero para mí era una desconocida. A Poly no la conocía realmente como era, de qué manera pensaba ni cuáles eran sus gustos.
Nos encontramos en el metro cercano a mi hogar. Ella vestía como una mujer madura. Las comparaciones son odiosas pero "ella" era una joven provocativa y Poly parecía más bien una mujer hecha y consagrada como tal, o al menos eso aparentaba. Sus labios de un rojo tinto, pero intensos como llamas. Su pelo largo rimaba con su cara delgada y angosta figura. Su trasero no era enorme pero estaba en prefecta proporción a su medida.
La invité a descansar a mi hogar. Mi padre estaba fuera de la ciudad trabajando y mi madre y mis hermanas estaban en la ciudad del agua. Su voz de infante me derretía por dentro, como queriendo tenerla para mí ahora ya. Conversamos en mi cama, acostado el uno al lado del otro. No sé en qué momento pero de pronto me subí encima de ella. No era una posición sexual, mas bien de juego. Le robé un beso que me respondió y comenzamos a intimidar.
Lo que más me gustaba de Poly era su perfecto trasero el cual tomé con ambas manos y con todas mis fuerzas. Me quitó la polera y yo hice lo mismo con ella. Me sentía un animal. Nos revolcamos en mi cama, de aquí para allá. Su sostén estaba colgado en el pomo de mi puerta y el resto de las ropas no sé donde. Me comenzó a masturbar y yo con un instinto que no podía sostener la quise hacer mía, ella se negó pero seguimos intimando.
Poly pololeaba desde hace algún tiempo con un tipo de su ciudad. De él no sabía más que tenía pinta de flayte, pero no era tan feo. Llevaban algunos pocos meses de comenzar la relación oficial y yo lo sabía, pero después de tantos años enamorados de Poly y que nunca haya tenido alguna chance con ella no iba a desperdiciar la oportunidad.
Anocheció y no lo noté hasta que sonó la puerta. Salté a un costado y me subí los pantalones tan rápido como pude. Poly se colocó su polera, pero sin sostenes. Mi padre había llegado de imprevisto. Se paró fuera de mi habitación y no dijo nada, luego siguió hasta la suya. Después regresó y comenzó a cocinar. En ese momento que iba a su pieza me levanté de un zarpazo y le aventé sus sostenes a Poly. Se peinó rápidamente. Yo sólo la observé hipnotizado ese cabello libre que se dejó caer sobre sus hombros delgados, tal cual cascada virgen. Era ver un ángel. Claro que disimulaba si divinidad con maquillajes, ropa y peinados. Cosas de mujeres.
La presenté a mi padre y él saludo, al instante la fui a dejar al metro. Camino a la estación, en la primera cuadra, no decíamos nada, ambos estábamos silenciosos. Yo no sabía que pasaba por la cabeza de Poly, a mí me comían los nervios, hasta que soltó una sonrisa que divisé tras el pelo que le cubría parte de la cara. Yo también sonreí, pero fui más allá y se me escapó una pequeña carcajada. Poly, como contaminada de mi carcajada, también soltó una y entonces ambos nos largamos a reír hasta llegar a la estación.
- ¿Vas a estar bien? -Le pregunté- Son las 9 y dijiste que tu bus salía a las 8. ¿No tendrás problemas?
- No, estaré bien, no te preocupes. De todas formas me van a retar, pero eso no importa.
- Me gustaría volver a verte, ojalá más seguido.
- Cada vez que venga a la capital te lo diré para que nos encontremos, ¿Te parece? Estoy viniendo seguido por varios asuntos.
- Me gusta la idea.
Entonces entré en un gran dilema. Después de revolcarnos toda la tarde ¿Cómo me despido de ella?. Solución?, que ella lo haga. Así que se acercó y me besó en la mejilla, sonrió y se marchó. No lo quité la vista hasta que subió las escalaras y se perdió entre los escalones. Luego salí de la estación y miré hacía el puente y allí estaba ella, me despidió agitando la mano. Yo caminé de espaldas para no perderla de vista, hasta que llegó el tren y se fue.
No la vi ni supe de ella hasta 2 años más tarde. Yo le tomé cierto gusto al morbo.
Morbo: Tendencia obsesiva hacia lo prohibido.
comparto el gusto por el morbo, pero siempre con cuidado que eso pasa la cuenta.-
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