"A Ella:
En la pared de la habitación dejaste tus fotografías que aún me conversan con un tono discreto, distante y hasta borroso que me cuesta entender. En la cama, que ya no tiene a calor de frazadas, la seda de tu piel dejó de ser sabana por las noches y tu aroma en la almohada es la silueta de tu ausencia.
En el bar hay demasiadas botellas para dos por destapar. Si quieres te las llevas porque siento que no seré capaz de beber solo algo tan fuerte.
Miedo volvió cuando confianza dejó de cercar su guarida. Sueños se desvanecieron y ahora pesadillas beben recuerdos.
Sobre la mesa está ahí otra vez cenicero lleno de mí en forma de cenizas y colillas de esperanza. A un costado hay cuadernos polvorientos, uno de ellos abierto con una hoja escrita con tinta de vida color atenúe y otra en blanco...
La luz hay que apagarla, pero no sé si no tengo ánimos o no puedo.
La habitación está a mal traer, pero no te preocupes, tiempo se encargará de repararla".
Matatiah se desvela departiendo con Marshall, eran las 3:15 AM cuando tocaron la puerta. Marshall abre y cuando advierte quien era se despide de Matatiah y sale discretamente de la habitación. Entonces ella entra con prepotencia disimulada, y rauda se dirige a un costado de la cama que está desordenada con las marcas de algunas huellas y noches de placer. Matatiah escribía en la mesa, bajo la luz de su lampara a espaldas de la cama mientras ella sin decir nada, sólo respirando fuertemente, recoge apresurada y casi violentamente sus cosas mientras las guardaba en su bolso intimidad.
Ella: (Recogiendo su respiración y con un tono de voz casi contenida) No hay más?
Matatiah: (Con voz calma) Dame unos minutos.
Ella: (Sólo guarda silencio)
...
Matatiah: Te puedo ayudar?, si quieres te cargo el bolso hasta el paradero...
Ella: (Entre sorprendida y casi pensándolo, inertemente respondió) Bueno.
Caminaron hacia el paradero, por la calle no parecía haber nadie y parecía más inclinada que de costumbre, el silencio incomodo lo atormentaba por dentro, pero Matatiah sabe contener y disimular sus emociones.
Por la esquina del encuentro, en medio de la confusa neblina se asomaba el bus del olvido, ella sólo se despide con un "chao", un abrazo y un beso en la mejilla tan apretados y fuertes como cortos. Se sube tan normal, que el mundo de afuera parece no importar y se marcha por la avenida de las ilusiones, perdiéndose en la intersección con calle distancia.
PD:
Muchas veces comencé esta carta, pero el final era siempre el mismo:
Te despediste. Subiste y no miraste por la ventana, no sé si fue para subrayar aún más la indiferencia, ocultar alguna emoción atorada en la garganta o por no verme mientras me sentaba en el paradero de la espera y te escribía esta carta.

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