lunes, 25 de julio de 2011

Cervezas, sofá... Clandestinidad

"Así pasó un mes; un año, dos y tres. Y aunque juré que te olvidé haces falta..."


Ella: Me odias?, cierto?...
Matatiah: No, por qué dices eso?
Ella: Creo que te conozco bien...
Matatiah: No... Sólo que la gente cambia. 


Ella dice algo entre dientes, algo borroso...


Matatiah: Qué?


Ella lo repite...


Matatiah: No te entiendo...
Ella: Nada...


Se acomoda en el sofá, me da la espalda y se queda en silencio... En la silla, prendo un cigarro y abro la última cerveza.


A quién engaño?... Ella está acostada en el sofá y yo busco refugio escribiendo, apago un cigarro en el cenicero, lleno de recuerdos consumidos y alguna colilla en forma de ilusión, pero las colillas, colillas son y nadie las quiere. De hecho se juntan y se botan todas juntas. 


Suenan de fondo 3 canciones consecutivas con la temática del desamor, que ironía, no?, me siento mierda observando su espalda con nostalgia. Pienso en si debería levantarme, ir y hacer algo, o quedarme sentado sin apostar.


Demasiada cerveza, van seis, y mierda!, quiero mear. Bien, así despejo la mente y pienso bien las cosas.


(...)


Lo debí haber pensado mejor?... Me acerqué de todas formas, y como si nunca hubiera existido pasado nos besamos clandestinamente, como siempre fue.
Después de todo, besos, caricias apasionadas y hasta algo de sexo con ropa (no era la ocasión para hacerlo), se levantó y dentro de su cartera sacó una cajetilla de cigarros que sacude para saber si aún quedaba alguno (a juzgar por el sonido, creo que eran 2), sacó su labial y un espejo, me dijo que se marcharía, que la esperaban en casa... Quiénes?, no es de mi incumbencia, y no quiero ni debo saberlo. Me pidió que dejara de escribir, que le daba mucha importancia.


Con la luz ya encendida, disimuló todo bailando alguna pieza musical con su amiga que entraba en la habitación. Luego retuvo el hambre con una galleta de un paquete que ya estaba abierto. Entonces Marshall me dijo que nos fuéramos, y así fue. 


La dejé en el paredero, nos despedimos con un beso en la mejilla, como si no hubiera sucedido nada, miró por la ventana y sonrió. 


Caminé con Marshall, me dijo: Hace frío, hueón. Y le respondí: es psicológico, o no sé, pero no tengo frío. 


"En fin, nada que ver, es que a veces me da sed de volverte a conocer al alba..."



1 comentario:

  1. buena nota, me gusta como lo escribes, sentí que toque tu nostalgia con el alma, pues, tal ves algo parecido me ha pasado últimamente, y si, así las cosas suelen ser, que ridiculez resulta, no? porque al final todo lo que sucede no es algo racional pero que sin embargo, se razona demasiado pronto, y la gente hace cosas tontas por amor. y tu haz plasmado una de las ridiculeces que mas te rompen la razón, en bellas letras!

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