miércoles, 29 de junio de 2011

La noche de San Juan

"...3AM..."


Cuando fui joven conocí a una mujer maravillosa de aquellas que te marcan y no por ser animales en la cama, sino por ser una verdadera mujer. De aquellas mujeres que se aman cuando las ves, cuando les conversas y cuando se mueven con su fotogenismo haciendo de cualquier punto de vista el perfecto angulo para una fotografía, que te hacen confundir la naturaleza con lo natural de ella. De aquellas mujeres que son madres, amantes, compañeras y amigas en un sólo ser.


La vida pasó y se marcó en mi piel como se marcan los anillos de edad de los árboles, hace años ella se fue dejándome en una angustiante soledad. Paulatinamente su perfume dejó de ser la fragancia de mi almohada, los días se volvieron grises y fríos. Esos mismos días se pasaban con su supuesta eterna compañía y con el calor de su piel.


Ella sigue viva en nuestro mundo onírico. Anoche conversamos sentados frente a frente, a un costado de la ventana mientras ella me describía el paisaje frío del día nublado. Abrigada con ropas anchas y sentada como refugiándose en si misma, seguía mirando hacía fuera, como con la mirada perdida entre los blancos árboles desnudos del invierno. Interrumpí su percepción diciéndole:


- Hace años que te extraño, la soledad que me acompaña me produce ansiedad y desgarra mi alma por completo, sabes?, aún te amo.


Hoy desperté temprano, más que de costumbre, justo cuando el sol comienza a salir por detrás de la cordillera. Hoy es noche de San Juan y Magdalena me dijo que hoy acabaría todo, que estaríamos juntos por siempre.
Salí de casa cuando el sol ya se estaba escondiendo, no me levanté hasta ese entonces. Llevo puesto el mismo traje elegante con el que me vio Magdalena la noche de San Juan en que nos amamos y en la misma noche en que años después ella se marchó.


Me senté en la banca de la plaza, dónde solía ver a los niños jugar fútbol en la polvorienta cancha de cemento, una superficie seca.


Cuando pasaron las horas y ya no quedaba gente en la calle miré mi reloj, eran las 3am y el frío comenzaba a inquietarme. Entonces, por el pasaje se acercaba un hombre bien vestido, mejor que yo, con colleras que nunca había visto, una camisa blanca pura que contrastaba fuertemente con su traje negro, tan negro que parecía ser la oscuridad misma, sus zapatos blanco con negro brillante estilo gangster, era ver a un verdadero Don Juan, al que intentaba asemejarme yo. Se sentó en la banca junto a mí y me dijo:


- Tiene reloj?, me podría indicar la hora?
- Claro, son las 3am.
- Es hora!, vamos?
- Quién es usted?, no lo conozco.
- Nunca me había visto, pero estoy seguro que si sabía de mí. En fin, todos nos vemos sólo una vez.


Me sentí temeroso y me negué a acompañarlo producto del miedo. Él insistió de buena forma, pero volví a negarme, a lo que me dijo:
-Nadie entiende nunca, es siempre la primera vez de todos, hay excepciones, pero ya aprendí que debo hacer. Quiere volver a decirme la hora?


Saqué mi reloj y vi que aún eran las 3am, después de varios minutos aún eran las 3am. Pensé en darle cuerda pero estaba bien, y él interrumpiendo mis torpes intenciones por arreglar mi reloj, agregó:


- No lo entiende aún?... son las 3am... siempre son las 3am...
- Qué quiere decir?
- Yo no digo nada, sólo acompáñeme.


Con espanto me levanté de la banca y quise correr pero sentía que mientras más apuraba las piernas, más lento iba. Traté de gritar con deseperación, pero mi voz más se enmudecía. Sentí horror, era como correr bajo el agua, no sabía que pasaba, hasta que mire hacia atrás y vi mi propio cuerpo sentado en la banca y el hombre de pié a un costado esperándome.


- Vamos? - Me dijo - Ya es hora.


Sólo ahí, entonces, entendí que era hora de marchar.

Magdalena, mi amada Magdalena, perdón por sentir espanto al reencontrarte, pero me pregunto si son los demonios que se liberaron o el ángel de la muerte que me viene a buscar a esta hora.


Son las 3am en mi reloj detenido desde aquella noche fría de San Juan, las 3am, ahora y siempre son las 3am.

A esa hora se liberan sus demonios... y escribe.

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